lunes, 11 de mayo de 2009

La Universidad como espacio para la realización de actividades que pretenden ser prácticas: lineamientos generales de mercadotecnia y posicionamiento

Este blog está dedicado a proponer un modelo para las universidades privadas en América Latina, cuyo foco central sea la investigación, inspirado en el concepto de "práctica" presentado por MacIntyre. Dicho modelo, se basa en la creación de "Unidades académicas semi-autónomas" que son grupos de investigación que aspiran a llegar a ser verdaderas "prácticas" en el sentido MacInteriano del término.
Pues bien, el día de hoy abordaré un tema que es muy delicado, pues, refiere a la mercadotecnia y al posicionamiento de mercado de las universidades. Es delicado, en cuanto he venido insistiendo que lo peor que hacen hoy en día la inmensa mayoría de las universidades privadas en América Latina, es confundir a la educación con una mercancía comercializable. De tal confusión, creo, se derivan el resto de los problemas que tiene una universidad. Sin embargo, dado que la mercadotecnia es algo actualmente presente en las instituciones de educación superior, me parece pertinente adelantar algunas cuantas ideas al respecto, sin alejarme del modelo que he venido planteando.
Visto desde el punto de vista del mercado, el modelo aquí propuesto está buscando posicionarse de un segmento de mercado que aún cree en la Universidad como medio para desarrollar las excelencias humanas. En efecto, hay muchas personas, estoy seguro de ello, que aún ven a la universidad como un lugar en el que la búsqueda de la verdad y la defensa del bien común es posible. Padres de familia que desean que sus hijos aprendan a enfrentar la vida, con todos sus problemas y con todas sus maravillas, plenamente. Jóvenes que desean desplegar toda su potencialidad y que, en las actuales condiciones universitarias, ven frustrados esos anhelos.

En ese sentido, el modelo de Universidad que aquí se propone busca posicionarse en el mercado como: La Universidad. Un lugar en donde la diferencia entre, la mera obtención de un título, y la asistencia real a una Universidad, sea clara y evidente. Una institución que logre ganar la autoridad moral suficiente como para señalar y poner en vergüenza a aquellas pseudo-universidades que sólo pretenden vivir de las ilusiones de las familias que, con buenas intenciones y con grandes sacrificios, envían a sus hijos a la instituciones educativas.

La publicidad de una Universidad que pretendiera ser un espacio para futuras prácticas, se daría sola. ¿Qué mejores argumentos para atraer al público que los resultados que lograran sus diversas áreas académicas? ¿Cómo superar argumentalmente a una institución que, por ejemplo, cuente con 15 ó 20 grupos de investigación que generan resultados de alto impacto y cuyos miembros son reconocidos nacional e internacionalmente?

Aquellos que, a pesar de tener la opción de acudir a una Universidad de excelencia, se inscribieran en una “universidad de cochera”, sería porque no les interesa realmente acudir a una auténtica Universidad; máxime porque, como ya lo dijimos anteriormente, para nuestro modelo no importaría la situación económica de un alumno. Por tanto, no serían un problema inmediato para una verdadera Universidad (lo serían de manera mediata pues, significaría que nuestra cultura sigue en problemas serios).

Así, no se requeriría de falsas promesas ni de eslóganes rimbombantes para atraer a nuevos alumnos a esta Universidad ideal para el presente. Los alumnos llegarían, al igual que todos sus éxitos: por la búsqueda de la verdad.
Cabe aclarar aquí, lo absurdo que es que una universidad, sus autoridades rectoras o sus miembros, hablen bien de sí mismos. Por todas partes encontramos rectores o altos directivos de universidades acusando a otras de ser "universidades de cochera" o "universidades patito", y llenándose de auto-alabanzas por ser una buena universidad - como si el mero discurso las transformara en eso -.
Únicamente los buenos resultados dan prestigio. Solamente el reconocimiento de la sociedad, y más aún, el de la comunidad académica, dan prestigio a una universidad. Las verdaderas universidades, no tienen que andar invirtiendo importantes recursos a anunciarse; menos aún, a pagar asesores de imagen y mercadotecnia. Las verdaderas universidades están allí, a la vista de todos. Pero, eso sólo es por sus logros en investigación, difusión y docencia. Lo demás, es sólo cuento.
Hasta aquí este tema. La próxima entrada intentaré, ya con el modelo propuesto en mente, realizar algunas críticas a ciertas ideas que se han venido haciendo comunes en las universidades.
Hasta entonces, gracias.

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