Este Blog, está dedicado a reflexionar en torno a las universidades privadas en América Latina. Su foco de atención está puesto en lo que dichas instituciones podrían hacer si quisieran cumplir con su responsabilidad social en el presente. Ya he mostrado que, mantener la postura según la cual la educación es sólo una mercancía, que es comercializada por dichas instituciones, es la peor forma de cumplir con dicha responsabilidad. Por tanto, he estado proponiendo un modelo alternativo guiado por dos ideas centrales: 1) que la investigación pase a ser la principal fuente de financiamiento de esas casas de estudio; y 2) la adopción del modelo socio-laboral de "prácticas", ofrecido por MacIntyre.
El intento por vincular ambas ideas trajo como consecuencia la propuesta de generar "unidades académicas semi-autónomas"; que, además de las ventajas académicas que ya he anunciado; permite reducir la brecha abismal entre el personal administrativo y el académico en una institución universitaria. En la pasada entrada terminaba diciendo que era importante hablar sobre algunos de los lineamientos generales más importantes que implicaría esta propuesta para las universidades privadas. Por lo que, la presente entrada la dedicaré a hablar del control.
Ya dije, en una entrada previa, que una de las problemáticas más grandes de la propuesta que he realizado, es la incertidumbre que puede generar, en el personal administrativo, la imposibilidad de saber si el trabajo que realizan los grupos de investigación está siendo, o no, el adecuado. Pues bien, otra ventaja de que estos grupos se manejaran como “unidades académicas semi-autónomas”, es que disminuiría en una medida importante, dicha incertidumbre.
En efecto, al asumir la responsabilidad de realizar la mayor parte de las tareas administrativas que genera un grupo de investigación-docencia, se establecería un “puente” para la comunicación necesaria con el personal administrativo. De hecho, el personal administrativo tendría, en conjunto con quien dirigiera cada grupo de investigación, que determinar controles y parámetros para asegurar que la carga administrativa asumida por dicho grupo, fuera llevada con toda propiedad.
Un breve ejemplo. Supongamos que, entre otras, los grupos de investigación tienen que llevar a cabo el registro y control de las notas de sus estudiantes. Bueno, siendo ese el caso, la administración debería nombrar una especie de auditor externo que se encargara de verificar que cada uno de los registros estuviera en el orden debido. Además, que se respetan las reglas establecidas para la administración de dichos registros. Y que se lleva con absoluta probidad su manejo. Los sistemas computacionales pueden, en este caso, ser la mejor herramienta. Así, los ahora grandes departamentos destinados a la administración de la documentación y control de notas (llamados en algunas instituciones: “servicios escolares” o “control académico”) quedarían reducidos a una mínima expresión, destinados ahora al control y apoyo de esa función en cada “unidad académica semi-autónoma”. Lo mismo podría ocurrir con otras áreas tales como, la administración del personal. Lo anterior solo refiere, sin embargo, a tareas administrativas. Tareas cuya eficacia puede ser comprobada por todos, no importa si participan o no de la práctica. Es necesario el establecimiento de otro tipo de controles (y de apoyo).
En efecto, al asumir la responsabilidad de realizar la mayor parte de las tareas administrativas que genera un grupo de investigación-docencia, se establecería un “puente” para la comunicación necesaria con el personal administrativo. De hecho, el personal administrativo tendría, en conjunto con quien dirigiera cada grupo de investigación, que determinar controles y parámetros para asegurar que la carga administrativa asumida por dicho grupo, fuera llevada con toda propiedad.
Un breve ejemplo. Supongamos que, entre otras, los grupos de investigación tienen que llevar a cabo el registro y control de las notas de sus estudiantes. Bueno, siendo ese el caso, la administración debería nombrar una especie de auditor externo que se encargara de verificar que cada uno de los registros estuviera en el orden debido. Además, que se respetan las reglas establecidas para la administración de dichos registros. Y que se lleva con absoluta probidad su manejo. Los sistemas computacionales pueden, en este caso, ser la mejor herramienta. Así, los ahora grandes departamentos destinados a la administración de la documentación y control de notas (llamados en algunas instituciones: “servicios escolares” o “control académico”) quedarían reducidos a una mínima expresión, destinados ahora al control y apoyo de esa función en cada “unidad académica semi-autónoma”. Lo mismo podría ocurrir con otras áreas tales como, la administración del personal. Lo anterior solo refiere, sin embargo, a tareas administrativas. Tareas cuya eficacia puede ser comprobada por todos, no importa si participan o no de la práctica. Es necesario el establecimiento de otro tipo de controles (y de apoyo).
Ya en otra entrada hablaba muy rápidamente de la necesidad de un departamento de investigación cuya tarea sería la de ayudar a definir una clara metodología de trabajo, para cada grupo de investigación. Pues bien, además de eso, el departamento de investigación tendría la responsabilidad de establecer los parámetros de medición para el trabajo investigativo y de su supervisión. Dichos parámetros tendrían que establecerse con miras a convertir a cada uno de los grupos de investigación en grupos de excelencia, reconocidos por la sociedad y por las instituciones competentes (tales como el CONACYT en México, COLCIENCIAS en Colombia, etc.).
Entre otras cosas, esos parámetros tendrían, por ejemplo, que considerar la cantidad y calidad de publicaciones que cada grupo de investigación debiera llevar al cabo anualmente para ser considerado como de excelencia. También eso implicaría el desarrollo de planes de capacitación y especialización pues, como sabemos, es un requisito necesario para tal consideración, el que sus miembros permanentes tengan los más altos grados académicos en su área de especialidad; lo cual implica, además, una clara línea de trabajo para cada uno de los miembros de cada uno de los grupos de investigación.
Otro requisito indispensable para que un grupo de investigación sea considerado como excelente, es el que cuente con líneas de investigación claras y consolidadas. Para poder garantizar que los grupos de investigación las tengan, es necesario, bajo el modelo que estoy presentando, crear “academias”, que no sería otra cosa que un grupo formado por todos los directores de grupo, de aquellas prácticas que fueran afines. Esos grupos contarían con un decano, aquel director de grupo más experimentado en investigación; el cual, en conjunto con el departamento de investigación, tendría como actividad primordial el garantizar la claridad y consolidación de las líneas de investigación. Además, de tener, por otro lado, la obligación de asegurar la calidad en la actividad docente de cada grupo.
Así, teniendo los controles y respaldos suficientes en las áreas clave de administración, investigación y docencia, la universidad estaría contribuyendo a sembrar las condiciones para generar en su seno actividades académicas de excelencia. Actividades que podrían llegar a convertirse en auténticas prácticas. En la siguiente entrada hablaré de manera más específica sobre el funcionamiento académico de estas "unidades académicas semi-autónomas", cuando son entendidas como actividades que pretenden llegar a ser prácticas auténticas. Hasta entonces, muchas gracias.
Entre otras cosas, esos parámetros tendrían, por ejemplo, que considerar la cantidad y calidad de publicaciones que cada grupo de investigación debiera llevar al cabo anualmente para ser considerado como de excelencia. También eso implicaría el desarrollo de planes de capacitación y especialización pues, como sabemos, es un requisito necesario para tal consideración, el que sus miembros permanentes tengan los más altos grados académicos en su área de especialidad; lo cual implica, además, una clara línea de trabajo para cada uno de los miembros de cada uno de los grupos de investigación.
Otro requisito indispensable para que un grupo de investigación sea considerado como excelente, es el que cuente con líneas de investigación claras y consolidadas. Para poder garantizar que los grupos de investigación las tengan, es necesario, bajo el modelo que estoy presentando, crear “academias”, que no sería otra cosa que un grupo formado por todos los directores de grupo, de aquellas prácticas que fueran afines. Esos grupos contarían con un decano, aquel director de grupo más experimentado en investigación; el cual, en conjunto con el departamento de investigación, tendría como actividad primordial el garantizar la claridad y consolidación de las líneas de investigación. Además, de tener, por otro lado, la obligación de asegurar la calidad en la actividad docente de cada grupo.
Así, teniendo los controles y respaldos suficientes en las áreas clave de administración, investigación y docencia, la universidad estaría contribuyendo a sembrar las condiciones para generar en su seno actividades académicas de excelencia. Actividades que podrían llegar a convertirse en auténticas prácticas. En la siguiente entrada hablaré de manera más específica sobre el funcionamiento académico de estas "unidades académicas semi-autónomas", cuando son entendidas como actividades que pretenden llegar a ser prácticas auténticas. Hasta entonces, muchas gracias.
Como siempre, los espero en "El otro blog".
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