miércoles, 1 de abril de 2009

Las funciones universitarias y la generación de recursos económicos

La entrada anterior, afirmaba que uno de los principales errores que cometen las universidades de financiamiento no-público en América Latina, es la de suponer la educación como una mercancía más. Alertaba sobre los peligros que tal manera de concebir la educación, traía consigo. Y finalizaba preguntando por la posibilidad de que una universidad busque egresar profesionales de excelencia, y al mismo tiempo, generar los recursos que le permitan sostenerse exitosamente en su economía. A tratar ese punto dedicaré este espacio.
Si es un craso error confundir la educación con una mercancía - por desgracia, ampliamente difundido; lo es también, confundir la matrícula (las colegiatura, las cuotas o pagos que hacen los alumnos), con la principal fuente de ingresos económicos de una Universidad. ¿Por qué ello es un error - y uno grave? Veamos.
En un primer nivel, más general, porque ello supone reducir la función universitaria - y, por tanto, el "negocio" - a sólo una de las que son reconocidas como funciones básicas de una universidad: la docencia.
En segundo lugar, más particular, porque ello desconoce las tendencias sociales, culturales y económicas que marcan el rumbo de nuestras sociedades. A este segundo punto me dedicaré primero, para luego, más adelante, retomar el primero.
¿Cuáles son las tendencias que han tomado nuestras sociedades que hacen que tenga poco sentido el que las universidades cifren sus esperanzas económicas en la matrícula?
  1. Hay una marcada reducción del crecimiento demográfico en la región. América Latina se encuentra en una "transición demográfica"; lo que, en términos sencillos, significa una tendencia hacia el "embejecimiento de la población", debido a una disminución sensible del índice de natalidad y un incremento en la esperanza de vida [1].
  2. Crisis económica constante. Aún en el entendido de que los efectos de la crisis económica y financiera mundial, golpeará con distintos niveles de intensidad a los diferentes países latinoamericanos, es evidente que el poder adquisitivo de las familias en nuestra región se verá afectado de manera negativa [2].
  3. Incremento desmedido de instituciones universitarias. Anque, a la inmensa mayoría, les deberían prohibir el uso de ese nombre - o cualquier otro que evoque la idea de "universidad" - lo cierto es que son cada vez más las instituciones que se dedican a la "educación" superior. [3]
  4. Un marcado descenso en el interés de los jóvenes por ingresar a las universidades. Distintos estudios realizados en Costa Rica, España, Argentina y México - que son los que yo conozco - muestran que cada vez menos egresados de bachillerato están interesados en realizar estudios de nivel profesional. Ello se debe, en términos generales, a que los estudios universitarios ya no garantizan, ni por mucho, la movilidad social.

Así, en síntesis, tenemos que, si ya es un error pensar la educación como mercancía, lo es más si se considera que esa "mercancía", se intenta vender en un "mercado" cada vez más competido y que tiende a encojerse. Luego entonces, pretender que los recursos de una universidad provendrán mayoritariamente de su capacidad de matricular gente es, cada vez más, un sinsentido. No sólo por las razones del "mercado" ya expuestas. Sino, principalmente, porque eso termina arrastrando a las universidades a dar cabida a cualquiera que lo desee, aunque sus capacidades y actitudes no sean las necesarias para ser un profesional de excelencia.

Voy, entonces, al primer nivel, referente a las funciones de una universidad. Se reconoce dominantemente que, para que una institución pueda ser considerada como una auténtica universidad, ésta debe cumplir con tres funciones centrales: investigación, difusión y docencia.

La inmensa mayoría de las universidades cuyo financiamiento es privado en América Latina, únicamente se dedican a la docencia - de ahí que les apremie tanto matricular gente. Ello no sólo significa empobrecer el sentido de una universidad, sino, también y de forma muy paradójica, negarse a perseguir los muy importantes ingresos que pueden provenir de la investigación y la difusión. De hecho, la principal fuente de recursos económicos a la que puede aspirar una universidad, es la investigación.

La pregunta que se sigue parece obvia. Si es la investigación la principal fuente posible de recursos económicos para una universidad, ¿por qué razón las universidades privadas latinoamericanas en su mayoría no buscan esa fuente?

Hay dos posibles respuestas, ninguna de las cuales habla bien de quienes actualmente están al frente de una institución de educación superior. La primera es: por ignorancia. La segunda: por mezquindad.

Aunque parezca increíble, muchos de quienes están al frente de nuestras universidades desconocen su "negocio"; lo consideran como cualquier otra "escuelita" y por ello gastan absurdamente tantos recursos en publicidad, en lugar de atender lo fundamental de una universidad. Estos dirigentes, no saben que la investigación y la difusión son actividades altamente rentables. Y, como no lo saben, simplemente las consideran como algo innecesario.

Pero ese es el "mejor de los casos", porque el peor es el de aquellos que sí saben que la investigación puede llegar a ser una gran fuente de ingresos; pero, que para que ello sea así, es necesario, primero, invertir en desarrollar un buen programa de investigación - lo que significa adquirir personal y recursos técnicos y tecnológicos de alto nivel. Es ahí donde aparece la "mezquindad".

Porque el cálculo que hacen estos comerciantes de la educación - que, para colmo, son malos comerciantes - es el de que hacer esas inversiones es "muy costoso". Por ello, se van a la opción "fácil" y "cortoplacista": contratar a cualquiera que se diga "maestro", pagándole lo menos posible - y en casos graves, ¡mandando a sus empleados administrativos a dar clase! con el mismo sueldo que ya pagan - para con ello hacer negocio rápido y sin "cuantiosas inversiones".

Entonces, si queremos que las universidades particulares lleguen a ser lo que nuestras sociedades del presente requieren, debemos empezar por abandonar las actitudes ignorantes y mezquinas que, tristemente, caracterizan a la enorme mayoría de ellas - sobre todo a las medianas y pequeñas, aunque no de forma exclusiva - y comenzar a buscar la manera de convertir la investigación y la difusión en las principales fuentes de ingresos económicos de las mismas. ¿Es eso posible? En una próxima entrada reflexionaré al respecto.

Agradezco sus comentarios

[1] Al respecto, les recomiendo consultar: http://www.eclac.org/Celade/SitDem/DE_SitDemTransDemDoc00e.html

[2] Recomiendo la lectura de: http://www.jornada.unam.mx/2009/03/26/index.php?section=sociedad&article=042n1soc

[3] Les recomiendo, también, la lectura de: http://www.uba.ar/download/augm/augm01.pdf

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