La entrada previa la finalizaba afirmando que la investigación podía y debía convertirse en la principal fuente de recursos económicos de una universidad financiada por particulares; y prometía abordar el tema en la siguiente entrada. Así es que, a eso dedicaré las lineas que escribo a continuación.
Hay, sin embargo, un concepto clave que quiero tratar antes de entrar propiamente en materia. Se trata de una pequeña parte de lo que yo denomino la "sabiduría de quien cultiva"; que en este caso es importante traer a colación - en una futura entrada, desarrollaré con lujo de detalle esa postura ética-gerencial. El fragmento que hoy evocaré, es con respecto a lo que el buen campesino hace, ante la escases de recursos.
El sentido común de quien es buen agricultor, lo hace actuar de una manera prudente cuando es previsible que se aproxima una época de sequía. Así, focaliza sus esfuerzos en aquellos cultivos que están en una mejor posición de ser exitosos. Bajo esa lógica, jamás decidiría, ante la posibilidad de la escases de agua, por ejemplo, diversificarse y ampliar sus terrenos de cultivo.
Muchas de nuestras universidades, funcionan con una "lógica" totalmente contraria. Por ejemplo, piensan, de manera absurda, que la solución a sus problemas de matrícula se resuelve abriendo más servicios educativos. Al hacerlo, lo único que consiguen es dispersar inútilmente sus recursos, en lugar de concentrarlos en aquellas áreas en las que están en mayor posibilidad de convertirse en los mejores.
Expongo lo anterior porque si se quiere impulsar la investigación como principal fuente de ingresos de una casa de estudios, lo primero que hay que entender es que no se puede pretender ser bueno en todo. Por tanto, la primera pregunta, básica, tiene que ser: "¿en qué área o disciplina podemos, con nuestros actuales recursos, ser realmente buenos?".
¿A qué me refiero con "ser realmente buenos"? A la capacidad, no de trasmitir conocimiento, sino de generarlo o, en todo caso, de aplicarlo con precisión. Esto, obviamente, depende del personal con que se cuente. Y, por descontado, es altamente improbable que una institución de educación superior, cuente con personal de alto nivel en todas sus áreas - menos aún, si es una universidad no-pública, regional.
Así, la primer tarea en la búsqueda de convertir a la investigación en la principal fuente de ingresos, es detectar al personal destacado con que ya cuenta la institución. En este punto hay un peligro al que me voy a referir con el riesgo de parecer chocante e irreverente. Ese peligro lo anuncia perfectamente un dicho que suele repetir, con gran gracia, un querido amigo mío: "El que no conoce a Dios, a cualquier barbón se le anda hincando".
El mediocre suele rodearse de mediocres. No hay otra salida. Quien no tiene el virtuosismo de un gran académico, no podrá juzgar con respecto al virtuosismo académico de los demás. Así, si quien hace la indagación acerca de su personal, es un mediocre, terminará confundido, señalando como destacados a aquellos que no lo son, porque sólo los juzgará por los criterios que sí puede ver - por ejemplo, por su "lealtad", o por sus capacidades "políticas". Si ello es así, no sólo un modelo universitario que gire en torno a la investigación, sino cualquier modelo universitario, estará destinado a fracasar.
La única alternativa para evitar ese peligro es acudir al consejo de académicos con reconocimiento generalizado, para que éstos ayuden a la identificación de los auténticos valores en la institución. Sin embargo, en este punto, un segundo problema se suele asomar: el de la soberbia. Los dirigentes universitarios en nuestros países, suelen sentirse, aunque no lo sean ni estén cerca siquiera de serlo, seres superiores; semi-dioses cuya infalibilidad creen garantizada porque su oficina tiene en la puerta un letrerito que dice: rector (o cualquier cargo de "importancia" institucional). Por ello, en su inmensa mayoría, prefieren mantener alejados a quienes hacen críticas - pues dañan su calidad de deidades - y se mantienen rodeados de halagadores.
La soberbia hunde más a estos dirigentes universitarios en su mediocridad - la cual no pueden ni podrán ver jamás como tal -, y, por tanto, terminan aún más rodeados de mediocres. De ellos, por obviedad, no podemos esperar ningún cambio importante, y sus instituciones continuarán sumidas en ese estado de mediocridad que tanto daño hace a nuestras sociedades - aunque, en apariencia, les funcione bien el "negocio". Sin embargo, para quienes sí desean que sus instituciones trasciendan esa mediocridad, lo ideal es que puedan detectar al personal destacado con la ayuda de académicos de reconocido prestigio.
Ahora bien, una vez detectados esos académicos, lo que sigue es concentrar ese personal en el área (o conjunto de éstas) en la que la universidad buscará comenzar a generar recursos a través de la investigación - y posteriormente de la difusión de los conocimientos que de esta tarea se generen.
Esto es tan sólo el comienzo. En la siguiente entrada continuaré con el tema.
Agradezco, como siempre, sus comentarios.
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