La vez pasada terminaba afirmando que la rigidez de los planes y programas de estudio, constituyen una dificultad para la intención de convertir a la investigación en la principal fuente de ingresos de una universidad privada. En la presente entrada, profundizaré en ese tema.
Los planes y programas de estudio, en un esquema en el que la investigación es el centro de la formación, deben ser lo suficientemente flexibles para adaptarse a las necesidades inquisitivas. La flexibilidad a la que me refiero tiene, al menos, dos dimensiones; ambas, de difícil aceptación bajo los paradigmas que dominan nuestras instituciones educativas dedicadas a la enseñanza universitaria.
La primera, supone la posibilidad de una variación constante en los temas que son abordados para su aprendizaje en un servicio educativo. En otras palabras, esto significa que lo que hoy están aprendiendo los alumnos que cursan, por ejemplo, el primer semestre de la licenciatura "x"; son diferentes, al menos de manera parcial, a los que estudiaron sus compañeros de semestres avanzados cuando cursaron su primer semestre; y lo serán también, en relación a los que cursarán en un futuro ese primer semestre.
Es importante notar que no se trata de cambiar por cambiar. Se trata de trabajar en concordancia con las necesidades inquisitivas. De tal manera que, si los requerimientos de la investigación continúan siendo los mismos, los temas a ser abordados en las clases o seminarios serán los mismos. Por el contrario, si esas necesidades han cambiado, porque los resultados de la indagación así lo van exigiendo, entonces los temas deben cambiar.
Dos aclaraciones al respecto. La primera, que lo normal es que haya asuntos, como los relacionados con las bases conceptuales y metodológicas de las líneas de investigación, que varíen muy poco a través de los años. Otros, más referidos a los micro-proyectos específicos que se estén llevando a cabo, cambiarán con mucho mayor frecuencia. Así, lo que se dará de manera natural es una mezcla entre, temáticas más permanentes - que están dedicadas a los fundamentos formativos más sólidos -, y temáticas cambiantes que se refieren a casos específicos de aplicación de esos fundamentos.
La segunda, que no se puede prever con demasiada anticipación, cuáles son las necesidades futuras de un proceso inquisitivo. Por tanto, los planes y programas no pueden ser "actualizados" a priori. Esto puede ser visto como una dificultad ya que las autoridades gubernamentales que supervisan el trabajo de una universidad, suelen establecer - y con cierta razón, cuando entendemos la gigantesca cantidad de "universidades" que no tienen ningún respeto por lo académico - procedimientos complicados para la realización de cambios a los planes y programas de estudio.
Por ello, las instituciones deben dar de alta planes y programas cuyos nombres y asignaturas sean lo suficientemente genéricos como para dotarlos de la flexibilidad necesaria. Nuevamente, aquí, hacen falta académicos destacados con la capacidad suficiente para diseñar planes y programas coherentes y, al mismo tiempo, flexibles. Son ellos, también, quienes deben decidir con la frecuencia necesaria, las temáticas particulares que deben ser abordadas en cada nivel de estudios, en concordancia con los progresos de sus líneas de investigación.
Ahora bien, la flexibilidad también debe estar pensada en función de aquellos que se forman en un servicio educativo en particular - y aquí la segunda dimensión de la flexibilidad -. Esto es, no todos los alumnos que cursan, al mismo tiempo, una carrera profesional o un postgrado, deben llevar exactamente el mismo plan de estudios. El primordial punto de decisión al respecto, debe ser el potencial del estudiante.
Se apunta con ello, a la necesidad de derrumbar otro paradigma o creencia equivocada, altamente difundida en nuestro medio. La idea de que todos inician su formación en el mismo punto de arranque; y también, de que se dirigen al mismo punto de llegada. Nada más falso que eso. Los individuos tienen historias particulares que llevan sentidos particulares. El hecho de que crucen por un punto en sus historias, que es común con el de otros, no quiere decir que partieron del mismo lugar y menos aún que llevan el mismo rumbo. Tampoco las capacidades y potenciales son iguales de persona a persona. Por tanto, para potenciar al máximo su desarrollo, en beneficio de los estudiantes y de la investigación - y por tanto, de la sociedad en su conjunto - se le debe establecer, a cada alumno, un plan particular. El uso de materias "optativas", puede ser la manera de flexibilizar los planes y programas de estudio, en este sentido.
Así, con planes y progamas de estudio flexible, se estarían garantizando, por un lado, que la investigación puede estar progresando en su camino inquisitivo, al contar con los espacios y los recursos intelectuales que le son necesarios. Por el otro, que los alumnos se forman de manera sólida en concordancia con las necesidades de la investigación. Lo que finalmente aprenderán esos estudiantes es a resolver problemas específicos, siguiendo caminos de acción rigurosos, con una mayor probablidad de éxito en sus decisiones. Esta es la gran ganancia en términos formativos, que no puede lograrse cuando se pone en el centro la docencia - y menos aún, cuando ello se hace porque se piensa a la educación como una mercancía -.
Hasta aquí este tema con respecto a la flexibilidad curricular. En la siguiente entrada, hablaré de la manera que pueden estructurarse los esfuerzos humanos vinculados a la invesgación, en las universidades privadas. Gracias por sus comentarios.
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