miércoles, 8 de abril de 2009

La investigación como la principal fuente de recursos de una universidad privada - tercera parte -

Concluí la entrada pasada, indicando los ingredientes básicos que se requieren para hacer de la investigación la principal fuente de ingresos de una universidad privada: alumnos con buen potencial, guiados por profesores destacados y cobijados institucionalmente, ambos, por autoridades universitarias auténticamente comprometidas con la excelencia académica y con la responsabilidad social propia de toda institución de educación superior. Ahora, en esta entrada, iniciaré a desplegar la forma en la que, creo, deben ser mezclados esos ingredientes en el contexto particular de nuestras universidades privadas en América Latina.
Ya me he referido, en una entrada previa, a que la institución debe concentrar sus recursos en aquellas áreas en las que su potencial éxito es mayor - sobre todo, en el caso de las universidades pequeñas y medianas, esto debe ser así, por necesidad -. Pues bien, es en estas áreas en las que, paulatinamente, hay que iniciar con un programa de investigación. Para ello, lo más recomendable es establecer líneas claras.
Uno de los grandes obstáculos que las universidades suelen ponerse a sí mismas, no sólo en investigación, pero particularmente en ésta, es que la poca y pobre tarea inquisitiva que se da en su interior, es movida por impulsos particulares de individuos "voluntariosos". La resultante, una anarquía absoluta que finalmente no acaba por ayudar en nada a la situación formativa ni financiera de las universidades.
Si tiene dudas de cómo está su institución en este respecto, visite su biblioteca; revise el acerbo de tesis de pregrado y postgrado; si lo que encuentra ahí es una multiplicidad inconexa de temáticas, metodologías y calidades en los escritos; entonces su universidad ha caído en el caso que estoy mencionando. Por el contrario, si en el acerbo de tesis de su institución, usted encuentra una tendencia claramente definida de problemáticas y maneras en las que éstas son abordadas; y más deseable aún, una marcada inclinación hacia la mejoría en la calidad de sus trabajos recepcionales, entonces su institución va por buen camino.
Las líneas de investigación son necesarias no únicamente en términos del rigor científico - lo cual debería ser ya, en sí, una razón suficiente para procurarlas -; sino, también, porque éstas permiten orientar convenientemente los esfuerzos de una institución y ayudan a mantener la concentración de los recursos. Por desgracia, muchas de las actuales autoridades universitarias, administran sus instituciones como si se tratase de tiendas de pueblo, y esto no ocurre sólo con la investigación - o es donde menos ocurre, porque para ellos la investigación es algo marginal -. Al primer comentario tipo: "¿tu universidad podría darnos un curso de cómo amaestrar pulgas para un circo?", se responde en automático: Sí. Claro, es comprensible porque, como ya hemos dicho, para estos personajes, que lamentablemente pululan en nuestras universidades latinoamericanas, lo único que les preocupa es vender; no importa qué.
Pues bien, las líneas de investigación deberían evitar que este tipo de cosas pasaran. Sólo se investiga, se difunde y se enseña, aquello que encaja claramente dentro de las líneas. No quiere decir, esto, que la institución se vuelva rígida e inflexible. Las líneas deben ser lo suficientemente amplias como para darle cierta elasticidad a la acción universitaria. Pero, sí deben ser lo bastante rígidas como para encauzar hacia un mismo rumbo todos los esfuerzos universitarios. ¿Cómo elegir cuáles deben ser las líneas? Eso depende de las características del personal que vaya a encabezarlas, es decir, de los académicos más destacados. Lo que sí, es que todas deben poder incluir proyectos de investigación de diferentes alcances y distintos requerimientos. Una "buena" línea inquisitiva puede ser vista como un macro-proyecto que contiene proyectos que, a su vez, pueden contener micro-proyectos - como si se tratase de una matryoshka -.
Ahora bien, la totalidad de los alumnos de un área de formación, deben participar de la investigación - en uno o más proyectos - y, de hecho, deben formarse prioritariamente en los mismos. Esto anuncia un nuevo requisito al que tendremos que dedicarnos detenidamente en la próxima entrada: la flexibilidad en los planes y programas de estudio. Hasta entonces, pues.

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