viernes, 17 de abril de 2009

La búsqueda del bien interno de la práctica universitaria

He presentado, hasta ahora, dos vertientes de pensamiento en torno a las universidades de financiamiento particular en América Latina. La primera, que clama porque la investigación pase a ser la principal fuente de recursos de estas casas de estudio. La segunda, que propone el modelo MacInteriano de las "prácticas", como posible alternativa organizativa para las universidades. A partir de esta entrada, comenzaré a exponer, cómo creo que se vinculan ambos asuntos.
Ya he dicho, en una entrada previa, que el bien interno de la institución universitaria es la búsqueda de la verdad. Es importante hacer notar que con ello no estoy diciendo que sea “la verdad” el bien interno de la práctica universitaria; sino “la búsqueda de la misma”. Ello debido a que entiendo la verdad como un horizonte que se aleja en cada intento por alcanzarlo. Considerar a la verdad como un horizonte es, sin embargo, muy diferente a lo que ocurre en el presente, en el que se afirma con demasiada ligereza, “que cada quien tiene su verdad”; lo cual es, simplemente, absurdo - si cada quien tiene la verdad entonces nadie tiene la verdad, es decir, entonces no hay verdad -. Creo, además, que cuando esa condición de horizonte de la verdad es profundamente entendida, se hace posible, aún en nuestro presente, despertar el afán por ser cada día mejores en la práctica universitaria - esto, por supuesto, cuando la actividad universitaria es concebida como una práctica, cuando no lo es, la verdad simplemente deja de importar y lo único que importa es: "¿Cuántos alumnos-clientes tenemos inscritos?".

La búsqueda de la verdad en el interior de las universidades se puede dar de muy diversas maneras, dependiendo de las distintas disciplinas de estudios que coexisten en cada institución particular. Cada una de las distintas disciplinas encuentra su fundamento y su sentido a partir de un cierto modo de comprender la verdad y de buscarla (en el supuesto de que la busque). Así, si cada una de las disciplinas académicas se constituyera en práctica, encontraría diferencias en su percepción con respecto al bien interno (la búsqueda de la verdad) y a las virtudes necesarias para alcanzarlo. No obstante, ya he dicho, en la entrada previa, que en el presente no existen las condiciones necesarias para la existencia de prácticas. Y, sin embargo, es bajo estas condiciones epocales que la universidad tiene una gran oportunidad de actuar de conformidad a su sentido histórico. ¿Cuál sería el papel de las universidades en el presente - y esto aplica a públicas y privadas?

Su papel sería contribuir a crear las condiciones que permitan poco a poco ir acercando nuestras actividades actuales hasta convertirlas en prácticas. Las prácticas para que puedan alcanzar los niveles de excelencia que las caracterizan, requieren de las instituciones que las arropan. Las instituciones, según el modelo de MacIntyre, tienen una doble función: velar por el logro de los bienes externos (dinero, fama, poder) y proteger a las prácticas para qué estas puedan concentrarse en la persecución de sus bienes internos[1]. Así, la Universidad del presente puede convertirse en un “espacio de actividades que pretenden llegar ser prácticas”. ¿Cómo es eso?

Como ya he adelantado párrafos arriba, en la Universidad coexisten distintas disciplinas fundadas a partir de una cierta noción de verdad, cuyo propósito es la formación de nuevos profesionales en una diversidad de áreas. Cada una de esas áreas podría ser considerada como una práctica en potencia, en la que el bien interno que se produce tiene que ver con su particular manera de entender y de buscar la verdad. Digo “en potencia”, porque, insisto, no existen las condiciones necesarias para tener prácticas auténticas. Sin embargo, el llegar a ser una práctica puede convertirse en un anhelo, en una forma de bien interno compartida por todas las disciplinas académicas. Pero, ¿es realizable el que las actuales disciplinas académicas aspiren, al menos, a llegar a ser prácticas?

Estoy convencido de ello; sin embargo, es indispensable que la Universidad comience a jugar el papel que le es propio en el presente: el de velar por el bien común a través de la búsqueda de la verdad, y ser un espacio posibilitador para las prácticas puede ser una manera concreta de lograrlo. Esto último, obviamente, pasa por el establecimiento de una serie de políticas y normas institucionales que faciliten el hecho de que las actividades académicas actuales, comiencen a verse a sí mismas y sean vistas por los demás, como prácticas en potencia. No obstante, y antes de entrar en esa materia , sobre la que hablaré en una entrada futura, es necesario pensar en la viabilidad pedagógica de una propuesta como la que estoy haciendo. Para lo cual se requiere, a la vez, comprender cuál sería el modelo educativo central alrededor del cual giraría la actividad universitaria.

Una práctica lo es en tanto que, en su seno, se realiza una actividad que es central, por ejemplo, la construcción artesanal de muebles. Toda enseñanza, tanto de carácter técnico, como humano, gira en torno a esa actividad central. En otras palabras, para la práctica es esencial el “hacer”. Si no hay algo que se está elaborando en la práctica, no es posible ninguna enseñanza. Por tanto, si las actuales disciplinas académicas desean llegar a ser prácticas, es necesario que elaboren algo. Ese algo que deben crear es conocimiento y el proceso por excelencia a través del cual se genera conocimiento dentro de la actividad académica es: la investigación.

La investigación se manifiesta de maneras distintas según la disciplina de que se trate. Obviamente, habrá disciplinas en las que la manera de investigar sea más cercana que en otras (ello dependerá, como ya se ha dicho, de la noción de verdad sobre la cual estén fundamentadas). Sin embargo, todas las disciplinas coexistentes en una Universidad pueden y deben responder a la búsqueda de la verdad. Así, la diversidad ofrecida por las disciplinas (la particular manera de entender y buscar la verdad) encontraría su unidad en el espacio brindado por la Universidad (el lugar en donde la búsqueda de la verdad se hace posible). Estaríamos entonces ante una auténtica Uni-(di)versidad. Pero, ¿es posible la enseñanza de vida a través de la investigación? En la siguiente entrada abordaré la respuesta a esa pregunta.
Hasta entonces, muchas gracias.

[1] No obstante, el mismo MacIntyre alerta sobre le peligro de que las instituciones olviden su función de albergadoras de prácticas, y se concentren únicamente en la persecución de bienes externos, estableciendo medidas organizacionales que obliguen a las prácticas y a sus miembros, a perseguir dichos bienes. Si eso ocurre así, las prácticas desaparecen, quedando sólo el cascarón institucional. Lo que ocurre en el presente, podría ser interpretado desde ese punto de vista.

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