viernes, 22 de mayo de 2009

¿Reducir costos o buscar la excelencia?

Este blog está dedicado a proponer un modelo universitario basado en dos ideas: que la investigación se convierta en la principal fuente de financiamiento; y que se organice en torno al concepto socio-laboral de "práctica", propuesto por MacIntyre. Este concepto, el de "práctica", como ya lo expuse en entradas previas, está enfocado en la búsqueda de la excelencia del bien que se genera. Pero, ¿hasta dónde esa búsqueda es compatible con la cada vez más común idea de que las universidades privadas deben afanarse en la disminución de sus costos?
Un posible camino para responder a ese cuestionamiento, es preguntando por el origen de tal preocupación (la de disminuir los costos). La respuesta tiene que ver con asuntos que traté en las primeras entradas. Particularmente, con la creencia de que una universidad privada debe vivir de lo que recauda vía colegiaturas (el pago que los alumnos hacen por estudiar). Como la tendencia es, como ya lo mostré antes, a un aumento en la oferta y una disminución en la demanda, esos ingresos han venido menguando; con ello, la necesidad de controlar lo que se gasta se hace mayor.
Lo que quiero decir es que toda necesidad de disminución de costos lo que encierra de tras, es un afán por mantener los márgenes de utilidad intactos. En una universidad, lo anterior significa que quienes la administran ven en la educación una mercancía (que ya he dicho es el peor error que se puede cometer estando al frente de una universidad) y están tratando de preservar el negocio a costa de lo que sea. Por desgracia, ese "lo que sea" es en muchas ocasiones aquello que podría encaminar a la universidad a la búsqueda de la excelencia.
En efecto, quienes administran universidades en el presente, piensan - al menos eso parece - que lo más sustancial en una casa de estudio son ellos, los administradores. Por tanto, a la hora de decidir sobre la reducción de costos, voltean a todas partes, menos hacia ellos mismos. Y no es nada extraño que se encuentren con que, lo más fácil de eliminar, son los profesores "caros". La razón es muy sencilla; para estos rectores y administradores de universidades, cualquiera puede dar una buena clase. Por tanto, es mejor buscar al profesor más económico posible, y si se puede gratuito, tanto mejor; porque así sus costos habrán disminuido y su acción como administradores será premiada.
Estos malos rectores y administradores de casas de estudio, suponen que la jerarquía expresada por el organigrama, refleja la importancia de la labor que cada quien desempeña en la universidad. Y, sin embargo, no hay nada más falso que eso. Y es que no hay lugar en donde aplique mejor la idea de la "pirámide invertida", que en una universidad. Los más fundamentales son los que están colocados en la base: los profesores. Quienes inciden verdaderamente en el éxito o fracaso de lo que ocurre en una universidad, son aquellos que están en contacto directo con el quehacer universitario: los profesores. Cualquier medida de reducción de costos que altere su labor, afectará negativamente los resultados de excelencia académica. De ahí que, suponiendo sin conceder que tuviese que aplicarse una medida de reducción de costos en alguna universidad, el único nivel que no debería de ser tocado, es el del cuerpo profesoral. Y, sin embargo, es el favorito de muchos malos rectores y administradores.
Lo que no se dan cuenta estos malos rectores universitarios, es que están escupiendo al cielo; y que tarde o temprano recibirán al búmerang de regreso. Aún en la idea más mercantilista del asunto - a la que me opongo ampliamente - atentar contra el nivel profesoral es atentar contra el "cliente". Colocar profesores mediocres, es ahuyentar a los alumnos presentes, pero más a los futuros. Por tanto, jamás será una solución para el problema de la disminución de estudiantes matriculados. Es decir, entonces, que queriendo mantener sus márgenes de utilidad, acaban atentando a largo plazo contra ellos. Lo peor, es que crean un círculo vicioso del que difícilmente son capaces de salir, porque no ven que el problema lo originaron ellos.
Buscar la excelencia, como el esquema de "práctica" lo exige; no significa derrochar recursos. Como ya dije anteriormente, parte de la excelencia de un bien consiste en que éste fue creado optimizando los medios que le son necesarios para su elaboración. Sin embargo, el foco está y estará en la excelencia del bien. Cuando, por el contrario, el foco se pone en los costos, invariablemente la calidad de lo que se produce decaerá, y el mayor de los costos, el del desprecio de la sociedad por la mediocridad de lo que se genera, tendrá que ser pagado.
Hasta aquí esta reflexión. La próxima entrada la dedicaré a pensar en torno al tema del trato a los alumnos: "¿Clientes o alumnos?". Hasta pronto.

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